I do things with words

about a masterpiece

¿Leen los hombres las novelas de Jane Austen? ¿Leen los hombres novelas escritas por mujeres? ¿Cuántas en su vida y para qué?

Porque las obras maestras no son realizaciones individuales y solitarias; son el resultado de muchos años de pensamiento común, de modo que a través de la voz individual habla la experiencia de la masa. Jane Austen hubiera debido colocar una corona sobre la tumba de Fanny Burney; y George Eliot, rendir homenaje a la robusta sombra de Eliza Carter, la valiente anciana que ató una campana a la cabecera de su cama para poder despertarse temprano y estudiar griego. Todas las mujeres deberían echar flores sobre la tumba de Aphra Behn, que se encuentra, escandalosa pero justamente, en Westminster Abbey, porque fue ella quien conquistó para ellas el derecho de decir lo que les parezca.

Cuando escribo y pienso en mi lector ideal me imagino a una mujer, alrededor de la treintena, con un moño en el pelo y pantalones vaqueros. Me imagino a una mujer sin hijos y sin hombre. Lo hago porque así lo he aprendido. Como mujer escribo para mujeres. ¿Qué sentido tendría?

El problema es que, como mujer, leo a hombres. Admiro a los hombres escritores y la mayor parte de mis obras predilectas están escritas por autores y no por autoras. Considero los problemas de los hombres, problemas de sociedad, problemas de mujeres al fin y al cabo. Pero no ocurre lo mismo con “los problemas de las mujeres”.

Cuando una mujer escribe sobre el dolor menstrual. Cuando una mujer describe con sutileza el dolor de cabeza que siente al cocinar o al llenar la nevera. Cuando una mujer escribe, sobre lo que sea, es considerada rebelde, dramática, excesivamente sentimental. La necesidad de las mujeres para escribir sobre emociones es tildada de supervivencia. La obra maestra de la mujer siempre será leída por mujeres, nunca por hombres.

Me pregunto cuántos hombres han leído los cuentos de Alice Munro, ganadora del Premio Nobel en el año 2013. Cuentos. Las mujeres son cuentistas. Cuentan historias. Los hombres las crean.

Virginia Woolf, en Una habitación propia, compara a Jane Austen con Shakespeare: Este es, quizás, el mayor milagro de todos. Había, alrededor de 1880, una mujer que escribía sin odio, sin amargura, sin temor, sin protestas, sin sermones. Así es como escribió Shakespeare, pensé mirando Antonio y Cleopatra; y cuando la gente compara a Shakespeare y a Jane Austen, quizá quiere decir que las mentes de ambos habían quemado todos los obstáculos, y por este motivo no conocemos a Jane Austen ni conocemos a Shakespeare, y por este motivo Jane Austen está presente en cada palabra que escribe, al igual que Shakespeare.

Para un hombre, esta comparación sería un despropósito. ¿Cuántos de ellos han leído Orgullo y Prejuicio? ¿Cuándo y por qué lo leyeron? Pues si hablamos de hombres que estudiaron Filología Inglesa…

Las obras de Shakespeare son consideradas obras maestras. ¿Lo son las de Jane Austen? Esta autora habla de problemas de mujeres. Y de hombres. Habla de una época y de una sociedad. Habla de nosotras y nosotros, de ellos y ellas.

Los problemas de mujeres son problemas de hombres. No olvidemos, además, las condiciones en las que Austen escribió sus novelas. Escribe su sobrino en sus memorias: Que pudiera realizar todo esto es sorprendente, pues no contaba con un despacho propio donde retirarse y la mayor parte de su trabajo debió de hacerlo en la sala de estar común, expuesta a toda clase de interrupciones. Siempre tuvo bien cuidado de que no sospecharan de sus ocupaciones los criados, ni las visitas, ni nadie ajeno a su círculo familiar.

Escribir obras maestra en compañía. Escribir con el mundo. Escribir escuchando los problemas de una sociedad entre cuatro paredes, en la sala de estar.

Para Virginia Woolf: Una mujer que escribía tenía que hacerlo en la sala de estar común. Y, como lamentó con tanta vehemencia Mis Nithingale: “las mujeres nunca disponían de media hora que pudieran llamar suya” Siempre las interrumpían. De todos modos, debió de ser más fácil escribir prosa o novelas en tales condiciones, que poemas o una obra de teatro. Requiere menos concentración.

En su obra, Woolf también nos habla de los géneros y de cómo la forma de estos ha sido fabricada por los hombres. Por ello, la novela se presentó como el formato más libre, donde la mujer podía expresarse con más independencia.

Intentar ser mujer en un mundo de hombres. Intentar escribir como una mujer en un mundo de hombres. Intentar vender libros en un mundo de hombres. Intentar encontrar tiempo para escribir. Ser valiente para hacerlo.

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