I do things with words

mermaids

La obsesión por encontrar la voz, la forma, el estilo de unas palabras ocultas. No entiendo cómo pueden llamar voz a esta miríada ruidosa de sonidos que se secundan, se interrumpen, se mezclan. No es una, son muchas, las voces. Son contradicciones y principios que empiezan pero no acaban. Cómo encontrar mi voz si todas ellas son ajenas a mi garganta, son las traducciones de mis ojos a todo lo que ocurre afuera. 

Estas voces me llevan y me guían a trompicones, sobrepasándose las unas a las otras, buscan atención, el silencio de sus compañeras, quieren ser escuchadas en soledad. Pero no entienden que si una desaparece se esfuman todas, que dejaría de ser entonces este saquito de semillas raras. Ojalá se respetaran, las voces, me dejaran descansar por un día. Me hicieran sentir tranquila, segura. Me recordaran mis habilidades, me allanaran el crecimiento, dejaran de hostigarme, de enemistar siempre dos partes de mí misma. 

Cuando me dicen que encuentre mi voz me río. Cómo decantarme por una, por qué dejar a las demás insatisfechas, desatendidas, olvidadas. Son mías. Soy yo. Todas ellas. Todas esas repeticiones, frases hechas, interjecciones, juicios y creencias. Todos esos miedos no son más que voces, interpretaciones de lo que ocurre más allá de mi cuerpo. Incluso dentro de él, en ocasiones. Son terrores sonoros y raciocinios calmantes. Ellas mismas se alarman y se tranquilizan. Ideas, pensamientos sistematizados, relaciones y aprendizajes. Temor, orgullo, cansancio.

No me digan que encuentre mi voz, pues jamás podría renunciar al laberinto circular de mis sirenas. A sus cantos y a sus mentiras. Jamás renunciaría a los desencuentros entre las enemigas, las contradicciones primarias entre mis verdades, que son varias y nunca homogéneas.

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